Si está loco
lunes, noviembre 28, 2005
Por: Miguel Yances Peña. Columnista de El Universal de Cartagena.
Especial para Atrabilioso.
Especial para Atrabilioso.
Uno de los ejercicios que se utilizan para introducir a los estudiosos, en la compresión de la teoría de la relatividad de Albert Einstein, es ponerlos a pensar sobre las consecuencias de duplicar el tamaño de todo el mundo material. La respuesta es obvia, no pasa nada. Pero si solo duplicamos el tamaño del planeta ignorando el resto del universo, por ejemplo, la respuesta también es obvia, se produciría un colapso total, un apocalipsis, el fin del mundo.
De igual manera sucedería, si duplicáramos el salario mínimo legal, sin un incremento similar en el resto de salarios, y sin hacer lo mismo en el resto de países con los que tenemos comercio. Y si lo hacemos en todos ellos, pasaría lo mismo que en el ejercicio de la teoría de la relatividad: ¡nada! El valor del dinero también es relativo.
Por eso el poder adquisitivo de los ingresos y salarios, depende de todo el sistema de ingresos y salarios, y del volumen de producción de los bienes y servicios que se consumen. No basta la magnitud, es necesario comparar los ingresos entre si, con la canasta básica, y con el salario mínimo. Creo que en un mundo utópico donde todos ganaran igual -por mucho que ganen- todos serian pobres y nadie tendría la posibilidad de emplear a nadie: el empleo tendría que ser todo estatal.
Imagínese no más, el pago de los servicios de celaduría en los edificios: si estos se doblan… ¿cómo podrían sus propietarios pagarlos, si a su vez no obtuvieran un incremento similar en sus ingresos? ¿Cuál sería el impacto de tal medida en los costos de producción de los bienes de consumo, servicios etc, en el empleo y en los precios finales al consumidor? ¿Cuál sería el impacto de nuestros productos en el exterior, en la inversión y en la competitividad nacional?
Para empezar tendríamos que cerrar las fronteras y aislarnos (algo así como sacar la tierra del sistema solar, para evitar las fuerzas gravitacionales a las que esta expuesta) porque si no, terminarían siendo mucho mas económicos los bienes importados –que de por si ya lo son; se encarecen con aranceles- que los nacionales.
Como las exportaciones se reducirían a cero al perder escala y competitividad (además de habernos aislado), no se tendrían divisas para importar bienes de consumo y bienes de capital que el país no produce. Viviríamos entonces como los indígenas, felices, tal vez (si también evitamos que por la TV, nos muestren como esta el resto del mundo) pero castrados de esa fuerza vital que conduce al desarrollo de la humanidad.
En ese mundo utópico, aislado del mundo, sin competencia y con mercados reducidos, produciendo a baja escala, los industriales terminarían aumentando los precios con lo cual aumentarían sus utilidades, concentrando aún más la riqueza: un brinco 30 años atrás.
Pero ya aislados en ese mundo utópico, sería mejor dividir por dos los salarios, con lo cual tampoco pasaría nada, pero al menos así abriríamos la posibilidad de que los inversionistas y las fuerzas económicas del resto del mundo, trataran de entrar al país –como en China- para aprovechar nuestra mano de obra artificialmente abaratada.
Por lo tanto dejemos mejor que los economistas hablen de economía, y los políticos de política: no mezclemos las vainas.
El poder adquisitivo de los salarios aumentará de manera natural en la medida en que la economía se internacionalice, la moneda se fortalezca, crezca el aparato productivo nacional, los aranceles se reduzcan y crezca la competencia en la oferta de bienes y servicios.
Para entenderlo, imaginemos otro mundo utópico en el que no hubiera barreras comerciales -prohibiciones, subsidios, aranceles, entre otras- ni a la movilidad; y en el que el retardo y los costos del transporte fueran cero. En ese mundo, tanto los salarios como los precios de los bienes y servicios sería el mismo. En otras palabras las barreras, y los retardos y costos inherentes al transporte hacen la diferencia.
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